viernes, 14 de febrero de 2014

Canción de viernes: Mr Camping (El Niño Gusano)


Hay días en los que me levanto con necesidad de escuchar a El Niño Gusano. Me pasa también con otros grupos, pero en menor medida. Entonces, antes de hacer nada, antes incluso de tomarme el imprescindible café para empezar a funcionar, acudo a mi estantería de CDs, sección indie nacional noventero, y cojo uno de los discos del grupo de Zaragoza. Si me levanto un pelín melancólico, escojo 'El escarabajo más grande del mundo', su último disco, mi favorito. Me zambullo en la historia del Angel Guardia (tráteme de usted, soy mucho mejor que vos), espero un minuto para ser sólo labios ya (ay, Lourdes, qué canción), me asomo a la ventana del fabricante de alas de mariposa, repito que Yugoslavija me gusta más y acabo jodido por no ser ruso, señor.

Hay ocasiones en que elijo El Circo Luso, con su variopinta galería de personajes: El hombre bombilla, el Capitán Mosca y La mujer portuguesa con sus tres invitados (el hombre galleta, la reina mofeta y ella misma muy vieja), su primer y único hit, o lo más parecido a un hit que nunca tuvieron. Hoy he levantado la persiana y el sol ha inundado la habitación, he recordado que era viernes y me he tirado de cabeza a por El efecto lupa, que hay quien dice que es su mejor disco y yo no me veo capaz de discutirlo. A la segunda canción, he sentido la necesidad de agarrar el teclado, y aquí estamos.

"Si tuvieras que comerte
por dónde empezarías
qué parte comerías
la primera... la primera"



El Niño Gusano publicaron tres discos, cada uno mejor que el precedente, y se fueron, con una breve nota, de puntillas, casi en silencio. Vivieron la era indie, pero ellos eran otra cosa. Cantaban en castellano y se miraban las zapatillas lo justo. Tampoco terminaban de encajar con los grupos de Donosti y su melancolía norteña de gabardina y chirimiri. Eran un caso aparte, un maravilloso ente aislado. Podríamos hablar de Brian Wilson, Syd Barrett, Glutamato yé-yé, Euros Childs y tal y cual, pero para qué. El Niño Gusano fueron únicos y la única forma de conocerlos es acercarse a ellos. En poco tiempo termina uno rendido a ellos y despertándose una mañana cualquiera con una necesidad casi física de escucharlos. Como quien tiene la típica erección matutina.

Acaba de terminar el viaje a la luna. Nadie tiene sueño, nadie volverá. Ahora sí, voy a por el café.

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